El cuerpo se vuelve adicto a cualquier emoción repetida durante años, como si fuera una droga. 
El mar de emociones en el que están sumergidas tus células empieza a ser normal para ellas 
y al final lo que el cuerpo percibe como normal comienza a interpretarlo como agradable. 
Con el tiempo tu cuerpo, para sentirse vivo, necesita una dosis emocional más alta de dichas emociones. 
Te has vuelto adicto a ellas y has sido tú el causante.
Por esta razón, al intentar cambiar tu pauta emocional, sientes una especie de mono, como el de las drogas.